La Persistencia de la Memoria

Ya a mis 36 años me puedo dar el tiempo para ir al monte más alto para mirar todo a mi alrededor y pensar en todo lo realizado, lo bueno y lo malo, lo logrado y lo todavía no alcanzado, mirar el pasado para saber cómo seguir construyendo mi futuro. Bueno, no es algo que se priva a mi edad, todos lo podemos hacer en cualquier momento, solo se requiere de algo tan básico pero a la vez muy preciado en especial cuando los años se nos vienen encima: tener buena memoria.

Mi memoria es más bien selectiva, recuerdo muchas cosas siempre y cuando me mencionen algo clave: una palabra, una situación o incluso una canción, pero son pocas cosas (en comparación con lo anterior) las que recuerdo “a la primera”. Pero no por eso tenga mala memoria, debo tener muchas cosas almacenadas en mi cabeza de manera desordenada y por ello con palabras o situaciones claves las llego a recordar. Y aunque sea así como funcione mi memoria siempre vivo con el miedo latente de que todo eso se me llegue a olvidar de un momento a otro o de a poco, como tengo casos muy cercanos de abuelos, en primer y segundo grado, que tuvieron Alzheimer pues trato de dejar registro de eso (que es parte del por que tiene tantos años este blog).

Hace unos días estuve en el funeral de una tía que a pesar de no ser un familiar directo fue alguien muy especial, muy preocupada de sus hijos, nietos y bisnietos, pero también tenía en sus atenciones al hijo de su hermana (ya de más de 50 años pero con el mismo cariño de como si tuviera 10). Lindas palabras hacia ella escuché en el momento de su despedida en el cementerio. Mientras escuchaba me preguntaba: que recuerdos tendrá la gente que me conoce o me ha conocido en este tiempo? Sera el mismo recuerdo que les tengo ahora? (Sea bueno o no tanto), se acordarán de que alguna vez estuve presente en sus vidas? Ya de ahí derive al motivo de este escrito.

En Facebook escribí que “cada uno sabe lo que merece”, pues si uno le pone empeño y corazón a lo que realizas y su resultado pasa a ser merecido, sea bueno o no ese resultado. Yo ya dejé la etapa de “no quedar siempre bien con la gente”, más me importa que me vean cómo soy y sobre eso me juzguen, me amén o me odien, y sobre esa construcción parten los recuerdos de quienes han pasado en mi vida, ya sea de paso o sean permanentes, personas que han sido un antes y un después, otras que dejaron una huella, otras que fueron parte de una etapa y los que se clasifican en “si te he visto, no me acuerdo”.

La memoria parte de la base de dejar una huella en la vida, ya sea buena o mala, un momento (etapa o instante) que lo recordarás por siempre en distintas circunstancias. Pero… Y si esa memoria empieza a fallar? Si ese instante del primer beso, el nacimiento de tu hij@, dónde te dijeron lo más hermoso que escuchaste en la vida o lo mas horrible, de un momento a otro lo dejas de recordar de manera involuntaria?

Ya, es bien fatalista pero créanme que no es algo irrelevante para mí, ya con ver a mi abuela paterna o mi tía abuela como el Alzheimer de a poco las consumía créanme que es lo más penca, desagradable y “no se lo deseo a nadie” que puedes vivir. Aparte de esa memoria selectiva solo tengo lo que me recuerdan quienes han compartido historias conmigo, en especial mi hermana Tamara que a pesar de ser 4 años menos que yo se acuerda de muchos detalles de mi niñez (es heavy pero cierto)

Pero más que luchar contra el olvido, quiero compartir mi historia junto con quiénes quiero y adoro, con quiénes solo me verán de paso por la vida y con quién es la mujer que más amo en este mundo: mi hija Emilia. Quiero que cada momento ya sea en un carrete, una buena conversa, jugando a la pelota o en la pega, vean que este tipo es un chato interesante, que da todo de si para hacer las cosas bien. Más que buscar caer bien, vean que soy una buena persona, quizás no el mejor en cualquier ámbito (laboral, amoroso, etc.) pero que se esfuerza para serlo, vean que doy el 100% y no quedar como chaleco de mono.

Mi propósito en la vida desde siempre ha sido dejar una trasendencia, entre quiénes me conocen o me han conocido y más aún en quien ahora es mi legado: mí pequeña Emilia y por qué no, en un futuro hermano o hermana. Que esa trasendencia sea más allá del cariño, que sea como ser humano. No tanto para que usen mi nombre en una calle o en una plaza, sino que alguien en mi funeral (o si mi memoria comienza a fallar y a apagarse con los meses) se acuerde de mi y le robe una sonrisa, con eso créanme que estare más que feliz.

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