Cada ola con ola (El Cielo)

(extracto del libro “Momentos mágicos o una guia para viajar en el tiempo” de Paul Anwandter)

Había pasado tanto tiempo que ya no sé si valía la pena seguir siempre pensando en que “hay que ganar”.

¿No será que uno pierde algo y parte del tiempo se le escurre pues al nunca dejar de ganar se pierde por no conocer cómo es perder?

Entonces también debe valer la pena…

Feliz descubro como ¡todo ha cambiado tanto! Y, sin embargo, todo sigue igual.

¿Pudiera ser solamente un espejismo que cruza por mis pensamientos?

¿Cómo imaginarse una fruta sabrosa en tu boca, de esas que te gustan y que de solo pensar se te hace agua la boca? Verla con su color, su forma, con el ruido silencioso cuando da vueltas y ese gusto y sabor que conoces, para qué decir del olor y fragancia que te encantan.

Pero que ahora en este momento probablemente no estuvo y al mismo tiempo fue tan real.

O suponer que puedo viajar a otra galaxia. Sin mayores esfuerzos.

Sabiendo que en la práctica no lo podría haber hecho; pero… te traje este recuerdo de mi viaje.

Mi sangre se hace presente en muchos, así como muchos se hicieron presentes en mí.

Ahora sé que sí existe lo que hice, solo no sé si valió la pena o si lo haría de nuevo. Sin duda lo haría diferente, pues volver a hacerlo igual, como que sería fome, ¿cierto?

Nosotros seguimos solos; pero miseriosamente hay tantos que dicen que nos acompañan.

Afuera, escucho los sonidos de grillos en una noche húmeda con luna llena.

Ya no sufro por lo que no fue; pero sí porque ahora entiendo lo que es sufrir.

Descubrir que uno es un punto dentro de un grano de arena en una playa infinita, tiene su cuota de impacto.

¿Todavía no lo descubres? Ahora, en este momento, ya lo sabes.

Saber que el planeta está y que uno influye de forma tan curiosa, no deja de ser curioso.

Ella ya no esta más.

Esas verdades, que por tanto tiempo me molestaron, ahora las echo de menos.

Era tan fácil y no lo sabía.

Era un fallido intento el tirarse así esperando que la noche fuese día, al comenzar la noche.

El tiempo nunca llegó.

El golpe fue duro y los Santos se levantaron.

En una sola canción, adelante del mar, se pusieron a cantar una melodía repetitiva “no mate al… ” usted sabe.

Ella igual sabe que de alguna forma volverá, tal vez sea con cada marea, o cada reventar de ola, tal vez esté un poco en cada nube.

Desde el muelle, arrodillado, rezo mirando el infinito del océano. sabiendo que en su fondo está parte de mi vida.

El mar, ahora dueño de mis historias, infancia y pasado, lucha para que no lo acompañe.

No es el momento.

La arena está extremadamente blanca y fina.

Ya no sabes lo que creías saber.

Solo has aprendido una nueva lección de la vida.

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