La mirada de un ángel

Escultura: Jorge Marin – El Abrazo
Miro con extrañeza a mi alrededor, me siento distinto a todos quienes me rodean, ellos no me miran pero yo los miro y siento esa angustia, que todos son iguales entre ellos pero yo no… todos se mueven hacia el mismo lado, van al mismo lugar, hacen las mismas cosas y yo solo estoy estático, caminando contra la corriente y mis huellas son únicas, nadie mas pisa sobre ellas.

Siento como se forma un halo a mi alrededor, la gente se dispersa y yo me encuentro al centro. Veo como se alejan, sus pasos no cruzan este circulo imaginario… los puedo ver pero ellos no saben que estoy allí.

Un sentimiento de soledad me inunda, algo difícil de describir y de comprender… estoy rodeado de gente pero ellos no me ven, no saben lo que siento ni lo que quiero. Ellos solo saben que estoy allí pero no saben que no los veo, solo este halo nuboso que me cubre es lo que puedo ver.

Necesito que alguien me mire, que puedan verme… estoy acostado en medio del halo y nadie puede verme… me siento solo y quiero que me vean, que me acompañen, que puedan darme la mano, que me den un abrazo y me digan que esto es solo un mal sueño…

…pero sigo allí, la nebulosa es mas intensa y yo sigo solo… cierro los ojos para evitar esa angustia…

Abro mis ojos y estoy recostado en un prado frondoso, giro la cabeza sin levantarme y veo montañas verdes con un poco de nubes, el pasto es verde claro y se mueve al compás de la brisa. El cielo es azulado con pequeñas nubes que por momentos cubren el sol, no vuelan pájaros pero se escucha algunos insectos o el roce del viento en los árboles que se ven a lo lejos. No me puedo levantar, es tan cómodo el estar acostado que solo disfruto de mirar las nubes pasar…

Sin levantar la cabeza veo mi cuerpo y esta desnudo. No siento pudor, solo una gran sensación de tranquilidad, de paz… pero a su vez vuelven esas imágenes del halo y mi soledad. Contrasto mentalmente esos matices y solo atino a mirar el cielo mientras una lágrima de a poco baja sobre mis pómulos y mis labios repiten la frase “…solo quiero un abrazo”.

Vuelvo a cerrar mis ojos para calmar esas lágrimas y al abrirlos veo del cielo bajar una figura, una persona alada que majestuosamente se acerca a mi lecho bajando lentamente. No me puedo mover y el miedo a que caiga encima me inunda, solo atino a cerrar nuevamente mis ojos…

Los abro nuevamente y mi cuerpo esta sobre las piernas de este ángel mientras me da un fuerte abrazo. Mi cuerpo sigue inmóvil y mis brazos atinan a abrazarlo con mas fuerza. Mis lágrimas se multiplican pero se secan rápidamente porque el calor de este abrazo, la energía que irradia y su fuerza no permiten que lleguen a tierra firme. Me siento aliviado, como si me curaran de la enfermedad mas grave o me saciaran de una gran necesidad; me siento completo, tranquilo, la misma sensación de paz que tuve al esta echado en el prado.

Lo abrazo con fuerza, con mucha energía, sin dar un respiro o ademán de soltarlo, buscando que este abrazo no termine nunca, que dure toda una eternidad… yo no digo nada y él tampoco busca sacarme palabras, solo disfruto de una muestra de cariño que no todos comparten, que no a todos les gusta entregar, que puede ser privativa para parejas, familiares o amigos… pero que a veces me dan ganas de sentir, de disfrutar… de que alguien esta atento mientras camino con la mirada perdida, con tristeza o angustia en mi corazón, y pueda dedicar 5 minutos de su vida a acercarse y darme un gran abrazo.

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